Catalina Tomás

Dignas Autoridades e invitados a esta gran fiesta de Valldemossa, en honor de  Santa Catalina Tomás, patrona de la Villa. Quiero expresar mi deseo de que la santa valldemossina siga extendiendo su protección a los habitantes de este pueblo tan hermoso de la "Serra de Tramuntana".

 

            Si quisiéramos encontrar cuál ha sido la clave de la belleza de Valldemossa, ha sido, y sigue siendo el contraste entre la tradicional pequeñez de sus casitas y la grandiosidad de sus montañas. Esto también lo presentan otros pueblos de la "Serra", pero no la coincidencia histórica de los más grandes intelectuales de Mallorca que vivieron en este singular paraje.

 

            Empezando por Ramon Llull, que en 1276 se estableció en el pontificio y real Monasterio de Miramar, reducido, por la modestia de su arquitectura y por la humildad de los religiosos que lo habitaron: 13 frailes menores; con el número bíblico: 1 por Jesucristo y 12 por los apóstoles.

 

            Le siguieron, a lo largo de los siglos diversas órdenes monásticas en este lugar: cistercienses, dominicos, jerónimos, cartujos, ermitaños. Siempre hubo religiosos en Miramar desde 1276 hasta el año 1811, en el que las Cortes de Cádiz lo desamortizaron, como multitud de propiedades de la Casa Real española. Este  enclave había sido de los reyes, empezando por Jaime II de Mallorca, terminando con Fernando VII de España, aunque siempre cedido a personas que habían profesado religión. Después de la desamortización, se degradaron sus edificios, hasta que en 1872 compró el predio de Miramar el Archiduque Luís Salvador y restableció las huellas de Ramon Llull y de Catalina Tomàs.

 

            Catalina Tomàs había nacido en Valldemossa en 1531 y quedó huérfana de su padre, Jaime, a los tres años de edad y de su Madre, Marquesina, a los 10. Fue recogida por sus tíos, Bartolomé Gallard y María Tomàs, yendo a vivir con ellos al predio denominado Son Gallard, junto al Monasterio de Miramar. Catalina ayudaba a su tía en la cocina, llevaba la comida a los segadores, recogía oliva, guardaba el rebaño de ovejas y hacía lo que fuera menester en aquellas tierras de la Mallorca rural del siglo XVI.

 

            Un día, el ermitaño y sacerdote Antonio Castañeda que residía en el Monasterio de Miramar se acercó a pedir limosna a Son Gallard y encontró a la jovencita Catalina, quedando ella impresionada por el aire de espiritualidad que desprendía aquel fraile. Después, con su amiga Ana Mas, fue a confesar con este Padre Castañeda al Monasterio de Miramar y, a partir de ese momento, comenzó el deseo de hacerse religiosa.

 

            El Padre Castañeda, ante la oposición de los tíos de Catalina a que siguiera ese camino, consiguió sacarla de Son Gallard y colocarla como sirvienta en casa de D. Mateo Zaforteza y Dª Magdalena Gual-Desmur, cuya hija Isabel le tomó mucho cariño, enseñándole a leer y a escribir y la trató con mucha dulzura, sobre todo cuando enfermó Catalina muy gravemente. La trasladaron entonces a la posesión de Raixa, donde recuperó la salud con la ayuda de Isabel.

 

            Pero Catalina seguía con el empeño de ingresar en un convento, y a esta ardua tarea se dedicó el Padre Castañeda. Logró que entrara en el convento de clausura de las monjas agustinas de Santa Magdalena, el 13 de noviembre de 1552. En la plaza del Mercado de Palma, en la fachada posterior de la Iglesia de San Nicolás, hay una piedra inserta en la pared que recuerda dónde se sentaba Catalina, mientras el Padre Castañeda recorría los conventos de monjas de Palma para conseguir que alguno la admitiera. Así sucedió, y ello fue sin aportar ningún dinero, cosa casi imposible en aquella época de enorme pobreza.

 

            La importancia de Catalina Tomàs reside en la influencia que desempeñó en la historia de Mallorca. En vida fue consejera de los más destacados personajes de la sociedad civil de la isla, a pesar de no salir de la clausura y sentirse solidaria con los humildes y con los pobres. De ahí el enorme influjo que tuvo y que se conserva vivamente en todos los pueblos de la isla y en la capital. Murió el 5 de abril de 1574, como había vivido, pendiente y entregada a los demás. Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Santa Magdalena de Palma. Fue beatificada el 8 de diciembre 1791 y canonizada el 22 de junio de 1930.

 

            Valldemossa es el ámbito en el que, además de Ramon Llull, Catalina Tomàs y el Archiduque Luís Salvador, fue lugar de encuentro de reyes, grandes políticos, intelectuales y artistas que nacieron o pasaron por Mallorca, cuya lista sería interminable resaltar y que abarca más de setecientos años de vivencias del pasado.

 

Pero no es mi propósito ahora el de hacer historia, sino resaltar lo que queda en Valldemossa de todos aquellos valores, los más grandes, que se vivieron en el pasado. Voy a resaltar dos de ellos.

 

En primer lugar el valor sentimental y entusiasta por la fiesta de la Beata, fiesta del pueblo, no mandada, sino bendecida por la jerarquía eclesiástica, y siempre mantenida por las gentes del noble pueblo de Valldemossa.

 

En segundo y último lugar, la experiencia que tuve hace unos días, en la ermita de la Trinidad de Valldemossa. Eran las ocho y media de la mañana. El párroco de Valldemossa decía la misa. Asistían los cuatro ermitaños, una hermana Misionera de la Pureza, y yo entre ellos. Cuando llegó el momento de darnos la paz, la alegría brotó y en la despedida final se desbordó. Pensando después, eché de menos a los que no creen en Dios. Si hubiera estado allí alguno de ellos, le hubiéramos abrazado y le hubiéramos dicho con todo nuestro corazón: "la paz sea contigo".

 

            Muchas gracias por haberme escuchado. 




[1] 

            Peró, no ès la meva proposta ara de fer historia. Només vui resaltar el que sobreviu a Valldemossa de tots els valors, els més grans, que ès visqueren en el passat. Vui assenyalar dos d'aquells.

            En primer lloc, el valor sentimental i entusiasta per la Festa de la Beata, Festa del poble, no manada, encara que beneïda per la jeraquía eclesiàstica, sempre mantenguda por la gent del noble poble valldemossí.

            En segon i últim terme, la vivència que tinguè fa uns pocs dies enrera, a l'ermita de la Trinitat de Valldemossa. Érem les vuit i mitja del matí. El rector de Valldemossa deia la missa. Assistien els quatre ermitans, una germaneta Missionera de la Puresa i jo amb ells. Quan arribà el moment de donarmos la pau, la alegria brotà, i en la salutació final es desbordà, amb tota la sintonía amb l'indret i l'hora del matí. Pensant després, sentí l'absència dels que no creuen en Déu. Si qualcú dells hagués estat allà, li hauriem dit a ell també: "la pau siga amb tu", amb tots els nostres cors.

 

            Moltes gràcies per haver-me escoltat

 


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Foto extraída de :http://www.pmaria-valldemossa.org/santa-catalina-thomas/