SANCHA DE MALLORCA Y LA CUSTODIA DE TIERRA SANTA

 

Autor: José María Sevilla Marcos, Académico Numerario

Conferencia pronunciada en la

Real Academia Mallorquina de Estudios

Históricos, Genealógicos y Heráldicos

Sesión del 27 de abril de 2017.

 

Agradecimiento del autor al Padre Francisco Javier Calpe Melendres, (OFM), Profesor de la “Pontificia Universitas Antonianum” de Roma, por sus orientaciones.

 

INTRODUCCIÓN:

 

Hace diecisiete años visité Jerusalén con los padres franciscanos, organizadores de peregrinaciones a Tierra Santa. Quedé vivamente impresionado al oír decir al padre franciscano que dirigía la expedición “nosotros estamos aquí gracias a una mallorquina”. Ésta era Sancha de Mallorca, reina de Nápoles y Jerusalén, que ejerció su reinado a principios del siglo XIV.

Desde ese viaje, no he dejado de indagar, sorprendiéndome, año tras año, del gran desconocimiento que existe sobre esta interesante mujer.

 

SANCHA DE MALLORCA O DE NÁPOLES:

 

Sancha, era hija del rey Jaime II de Mallorca y de Esclaramunda de Foix, nació probablemente en Montpellier hacia el año 1284 y murió en Nápoles en el 28 de julio de1345, con el nombre de Sor Clara en el convento de la Santa Croce. Era nieta del rey Jaime I el Conquistador y de Violante de Hungría por parte del padre y del conde Roger IV de Foix y de Brunisenda de Cardona, por parte de su madre. En el otoño de 1295, tenía entonces diez años, conoció al que sería después su esposo, Roberto de Anjou (1278-1343), después de haber enviudado éste de su primera esposa, Violante de Aragón.

 

En 1300 Sancha vino a residir a Mallorca y vivió aquí varios años en compañía de sus padres y hermanos.

 

A mediados de 1304 se concertó la boda con Roberto de Anjou, duque de Calabria, y príncipe heredero del reino de Nápoles, hijo del rey Carlos II. La boda se celebró el día 19 de septiembre de ese año en Collioure (Rossellón). Ella tenía 20 y él 26 años.

 

LA CASA DE ANJOU

 

Tuvo su origen en la provincia de ese nombre en el noroeste francés, en los departamentos actuales de Maine y Loira, regida por Condes y en 1060 este territorio pasó, por razones hereditarias, a Godofredo V, el fundador de la dinastía de los Plantagenet, (los Anjou, ingleses), llamados así, Plantagenet, por la costumbre de Godofredo de llevar una rama de la planta retama, genet o genista, en la prenda de cabeza, el cual legó el territorio de Anjou a su primogénito Enrique, que en 1154 subió al trono de Inglaterra como rey Enrique II, cuyos descendientes gobernaron ese país británico hasta 1485. Las posesiones francesas las perdieron en 1204, incluido el Anjou, pasando al poder de Felipe II Augusto de Francia. Posteriormente, el rey Luis IX de Francia se las adjudicó en feudo a su hermano Juan que murió en 1246, transmitiéndoselas con el Anjou, a su hermano menor Carlos, luego rey de Nápoles, suegro de nuestra Sancha de Mallorca.

 

Los cinco primeros años, tras la boda, Sancha acompañó a su esposo en las campañas bélicas en el centro y el norte de Italia, ya que éste era el generalísimo del partido güelfo, siendo memorable la entrada triunfal de ambos en Florencia, con un imponente alarde del poderío de sus tropas puestas al servicio de la Santa Sede, en contra de los gibelinos, los enemigos del Papa.

 

GÜELFOS Y GIBELINOS:

 

Recordemos que las palabras güelfos y gibelinos vienen respectivamente de las italianas guelfi y ghibellini, y éstas, a su vez, de las alemanas Welfen y Waiblingen. Los Welfen, es decir, los güelfos, estuvieron conectados en su origen a lo largo del siglo XII, a la Casa de Baviera (Luís IV de Wittelsbach) y los Waiblingen, o gibelinos, a los Hohenstaufen de Suabia.

Surgieron los dos bandos para apoyar al Sacro Imperio Romano Germánico y conseguir el mayor poder posible. Con el tiempo, ambos bandos extendieron sus conflictos por Italia norte, centro y sur, ya que el Imperio abarcaba territorios de la península itálica y la isla de Sicilia.

 

EL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO:

 

El Sacro Imperio ejerció su pretendido poderío durante diez siglos de la historia europea, desde Carlomagno (800) hasta Francisco II de Habsburgo (1806), y desapareció por la acción devastadora de Napoleón Bonaparte.

 

LOS PAPAS RESIDENTES EN AVIÑÓN EN TIEMPOS DE SANCHA Y ROBERTO, REYES DE NÁPOLES:

 

Tras el matrimonio de los reyes de Nápoles, Sancha y Roberto, hasta el final de sus días fueron, en su tiempo, cuatro los papas que ocuparon la silla de San Pedro en Aviñón: Clemente V (1305-1314), Juan XXII (1316-1334), Benedicto XII (1334-1342) y Clemente VI (1342-1352). En todos estos pontificados, además de diversos problemas con otros pueblos de diferentes religiones, hubo dos grandes cuestiones en el interior de la Cristiandad occidental: la problemática de los seguidores estrictos de San Francisco de Asís, los fraticelli, espirtuales o beguinos y las relaciones con el Sacro Imperio Romano Germánico.

 

Clemente V, que subió al pontificado el año siguiente de la boda de Sancha con Roberto, fue a vivir a Aviñón bajo la influencia del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, al que atribuían algunos cardenales italianos el haber mandado envenenar al papa Bonifacio VIII. Por otra parte, el papa Clemente V, tuvo que habérselas con la condena y abolición de la Orden de los Templarios, de terrible  y dramática memoria. Sin embargo, respecto a Sancha y Roberto, siempre les tuvo especial afecto. Recién casados les recibió en Aviñón, siendo ungidos reyes de Jerusalén y de Sicilia, por ser grandes devotos de la Santa Sede y probablemente ser afines a los espirituales franciscanos. En el Concilio de Vienne del Delfinado de Francia celebrado los años 1311-1312, al que asistió Ramon Llull, las tesis de los espirituales fueron defendidas por este papa, ya que se dio importancia especial a la pobreza siguiendo los pasos de San Francisco, sobre todo en el decreto Exivi de Paradiso.

 

Dos años después de la muerte inesperada de Clemente V, fue elegido papa Juan XXII, el cual se enfrentó a los franciscanos estrictos, durante sus 18 años de pontificado, pero supo respetar a los reyes de Nápoles por los enormes servicios que prestaron a la Iglesia Católica, aunque el enfrentamiento con el Infante Felipe, hermano de Sancha de Mallorca, fue total sobre todo al final de su vida. El infante Felipe nació alrededor de 1276 probablemente en Mallorca, de joven fue enviado a estudiar en París donde entró en contacto con fervorosos devotos de San Francisco, especialmente con el infante Luís de Anjou que le convenció para ingresar en la Orden de los frailes menores, muriendo en 1330. Pero su adhesión a los franciscanos estrictos fue obsesiva.

 

Tras la muerte del anterior papa, fue elegido cuatro años después Benedicto XII. Hombre conciliador en lo político se tuvo que enfrentar con Luís el Bávaro y contra los gibelinos de Italia, contando con Roberto de Anjou y el arzobispo de Embrun, Bertrand de Deux, pero su debilidad en lo político le hizo fracasar. Por el contrario en los aspectos eclesiásticos ejerció con firmeza sus posiciones, dedicándose a la reforma de las Órdenes religiosas, teniendo en cuenta su gran categoría como teólogo.

 

A Benedicto XII, que falleció el 25 de abril de 1342, le sucedió a los trece días el papa Clemente VI, cuyo pontificado inmoral en Aviñón duró hasta 1352. Roberto de Anjou había muerto un año después de haber subido este papa a la Cátedra de San Pedro y Sancha de Mallorca tres años más tarde. Sin embargo, en 1342, poco tiempo después de ocupar la Sede Pontificia el papa Clemente VI promulgó dos Bulas: la «Gratias agimus» y la «Nuper carissimae», en las que encomendó a la Orden Franciscana la «custodia de los Santos Lugares». Cuando en 1992, se cumplieron los 650 años de tales Bulas, el papa Juan Pablo II envió al Ministro General de la Orden un mensaje de felicitación a la vez que de exhortación a perseverar en el encargo recibido de la Iglesia.

 

En cuanto al conflicto imperial fue el rey de Nápoles, Roberto de Anjou, el que se tuvo que enfrentar con este problema, ejerciendo casi como rey de Italia al servicio de los papas en Florencia, mientras que su esposa, Sancha de Mallorca, siguió permaneciendo en su reinado de Nápoles (32 años), apoyando a los seguidores estrictos de San Francisco.

 

EL REINO DE JERUSALÉN:

 

He mencionado antes que los reyes de Nápoles habían sido ungidos reyes de Jerusalén por el papa Clemente V. El reino de Jerusalén (1099-1187) comenzó con la Primera Cruzada, tras el Concilio de Clermont convocado por el papa Urbano II en el año 1095, para la recuperación de los Santos Lugares. Tomado Jerusalén por los cruzados en 1099, fue elegido Godofredo de Bouillón como el primer rey que no aceptó, siendo su hermano Balduino I el que llevó la corona, ejerciendo como monarca secular, al estilo de las monarquías de la Europa occidental. Las ciudades estado como Venecia, Pisa y Génova tuvieron mucha influencia en el reino desde el punto de vista comercial. Siguieron las siguientes Cruzadas para mantener el Reino de Jerusalén, hasta la Séptima, tras la cual, en 1277, Carlos de Anjou compró el título de rey de Jerusalén, lo que determinó que pudieran ser ungidos por el papa Clemente V con ese título  Sancha y Roberto. Posteriormente, en 1291 los mamelucos conquistaron Acre, la capital del reino, a las órdenes del sultán Khalil, lo que hizo desaparecer definitivamente ese reino, pero no la denominación. El título de rey de Jerusalén lo han llevado numerosos monarcas después, siendo en la actualidad, nuestro rey Felipe VI de Borbón el actual rey de Jerusalén.

 

SANCHA DE MALLORCA:

 

Volviendo a Sancha de Mallorca: ¿Cómo fue su carácter? ¿Cómo nos la presentan los historiadores?

Existe una interesante fuente para los investigadores, pendiente de estudiar en nuestro tiempo, que es la colección de sus cartas, publicada por el documentalista, Lucas Wadding[1], franciscano irlandés que vivió entre 1588 y 1657 y que para Mallorca es importante su recuerdo, ya que ejerció de postulador de la Causa para la canonización de Ramon Llull ante la Santa Sede.

Sabemos, por los historiadores, que la verdadera vocación de Sancha desde niña fue imitar a San Francisco y profesar como monja, siguiendo la Regla de Santa Clara. Y ello lo practicó de forma extrema amando la pobreza y demás bienaventuranzas de Jesucristo. De ahí su adhesión a los fraticelli, espirituales o beguinos.

Bartomeu Bestard Cladera, Cronista de la Ciudad de Palma, excelente historiador, en su libro sobre el Infante Felipe[2] cita parte de una carta que Sancha de Mallorca escribió en Castellamare  el 25 de julio de 1334, que fue dirigida al Capítulo General que se celebró aquel año en Asís por los frailes Menores franciscanos. Esto nos puede ayudar a comprender cuál fue la actitud de Sancha respecto a dicha Orden. Dice así: “A los venerables Hermanos e hijos que van a la santa Indulgencia de Santa María, dicha della Antichità y ahora denominada de la Porciúncula, en el lugar que nuestro Padre común, el beato Francisco, creó la Orden y donde acabó sus días, bendiciendo a sus frailes presentes y futuros recomendándoles a la Virgen gloriosa. Yo, Sancha, por la gracia de Dios, reina de Jerusalén y Sicilia, humilde hija y sirvienta del Bienaventurado Francisco, salud en Jesucristo crucificado. Saber, hermanos, como el Señor me hizo nacer en este mundo, de tal progenie y estirpe que fue Esclaramunda, reina de Mallorca, mi madre, de santa memoria, e hija verdadera de San Francisco; como quiso que mi hermano mayor renunciase al reino por amor a Jesucristo y se hiciese hijo del Beato Francisco, entrando en su Orden, denominándose Fray Jaime de Mallorca, carísimo hermano mío; como quise que fuese yo de la descendencia de la Beata Isabel, la cual fue verdadera y devota hija de san Francisco y madre de su Orden, la cual fue hermana de la madre de mi padre, Jaime, de buena memoria, Rey de Mallorca; y como me ha hecho Dios tener marido, el ilustrísimo señor mío, rey de Jerusalén y Sicilia, hijo de la Reina de estos reinos y de Hungría, de feliz memoria, hija al mismo tiempo de san Francisco, siendo uno de esos hijos el Beato Luís, que por amor de Jesucristo se hizo fraile menor. Y creo firmemente que Dios y el bienaventurado Francisco han dispuesto que mi esposo, terciario franciscano, se convirtiera en rey y tuviera las virtudes, todas las que le conviniesen, que son, la sabiduría y el saber, en mayor grado del que se sabe, de ningún príncipe desde los tiempos de Salomón hasta el día de hoy…” y terminando la carta defendiendo sus derechos a ser llamada madre de la Orden.

 

El sacerdote teatino Antonio Oliver Montserrat C. R. en su importante trabajo titulado “Heterodoxia en la Mallorca de los siglos XIII-XV”[3] escribió “la hermana de Jaime, Sancha, es el ejemplo de una personalidad profunda y apasionadamente religiosa. Ella misma se proclama franciscana de sangre y de abolengo, en aquella sonora carta que dirigía al Capítulo General de Asís de 1334. En un acceso de fervor, quiso abandonar a su marido, a fin de entregarse totalmente a Dios, propósito del que la disuadió una firme carta del mismo papa Juan XXII, fechada el 3 de abril de 1317, en la que le recuerda que su ascetismo no puede hacerle olvidar sus deberes de esposa y reina. Esta religiosidad extrema, que sin duda la hizo soñar frecuentemente en retirarse a uno de los claustros por ella fundados en Nápoles, se agudizó en los últimos años de su vida. Y tomó el cariz de un franciscanismo a ultranza obsesionado por el ideal de pobreza evangélica que predicaban y mantenían los representantes de la facción extremista de aquel movimiento. La corte de Nápoles se hizo el refugio de todos los perseguidos por el ideal del franciscanismo absoluto, especialmente después que Juan XXII tomó tan severamente cartas en el asunto; beguinos, fraticelli y espirituales encontraron en Roberto y Sancha decidido apoyo y protección. La reina protegía al Capítulo que en Nápoles eligió como General a Miguel de Cesena, y amparó a éste, aún después de su deposición por el papa, de la forma más decidida”.

Y el arquitecto Gabriel Alomar Esteve nos dijo:[4] “El esplritualismo de Sancha, no se halla reñido en modo alguno con su mecenazgo cultural y artístico, orientado por supuesto y en primer lugar a la edificación y ornato de las iglesias y conventos franciscanos. No menos de cinco mandó edificar solamente en Nápoles : el dedicado al "Sagrado Cuerpo de Cristo y a la Hostia Santa” de religiosas clarisas que se conoce todavía hoy popularmente con el nombre de “Santa Chiara”; el convento de religiosos anexo al mismo; los de “Santa Magdalena” y “Santa María Egipzíaca”; y finalmente, el de “Santa Croce” (vulgarmente llamado “di Palazzo” por hallarse cerca del “Castel Nuovo”), en la que tenía que ser austeramente enterrada por su propia voluntad. Pero esto no le había impedido auspiciar e impulsar justamente con su esposo, la más hermosa serie de monumentos funerarios de la Edad Media, la que se inicia con el de su suegra María de Hungría en el antiquísimo monasterio de "Santa Maria Domina et Regina", más conocido con el tan napolitano nombre de Donnaregina”.

Respecto a los recuerdos que donó en vida Sancha de Mallorca al Convento de Santa Clara de Palma de Mallorca, es interesante consultar el libro de Joan Carles Sastre i Barceló sobre la espiritualidad y la vida cotidiana en esa época[5].

LA CUSTODIA DE TIERRA SANTA[6] [7]

La caída de San Juan de Acre venciendo los musulmanes a los cruzados, ocurrida el 18 de mayo de 1291, produjo el fin del Reino Latino de Tierra Santa. Los franciscanos fueron desterrados de Palestina y se fueron a Chipre donde estaba su sede provincial. En 1322, Jaime II de Aragón obtuvo del sultán de Egipto, Melek el-Naser, la custodia del Santo Sepulcro para los dominicos aragoneses, pero esto no se llevó a cabo. Este mismo rey, cuatro años más tarde en 1327, pedía lo mismo para los frailes Menores.

Durante aquellos años[8] del comienzo del siglo XIV[9], a pesar del fracaso político y militar del Rey de Francia, dos hermanos franciscanos, el padre Roger Guèrin (o Garin) y el padre Gérard Odon (Eudes), ministro general de los Frailes Menores de la Provincia Religiosa de Aquitania, percibieron que una solución militar al problema no iba a restaurar los Santos Lugares a los cristianos. En cambio, veían que era preferible la posibilidad de un acuerdo jurídico bilateral, es decir, un medio pacífico. La primera circunstancia favorable la encontraron en la reina de Nápoles por su celo religioso. Como no quiso tener hijos en su matrimonio con Roberto de Anjou, consagró su vida a obras benéficas y a la construcción de iglesias y monasterios en el Reino de Nápoles. La segunda circunstancia favorable consistió en la buena disposición del Sultán En-Naser Muhammé en la concesión a los cristianos del uso de sus Santos Lugares. La tercera circunstancia propicia fue la buena relación política y comercial que había existido durante aproximadamente un siglo entre el Reino de Nápoles y Egipto. De acuerdo con su Ministro general, el padre Roger logró convencer a los soberanos de Nápoles, especialmente a la reina Sancha, de negociar un acuerdo bilateral con el sultán En-Naser sobre la restitución de los Santos Lugares al clero franciscano como se había hecho dos veces antes en el siglo anterior por otros sultanes egipcios, por ejemplo se había concertado un tratado con el Sultán Malek El-Kamel debido a la presencia de una fuerza cruzada en Tierra Santa. Para arreglar el mismo tratado y liberar los Santos Lugares de los sarracenos y repararlos, era necesario ofrecer una gran cantidad de dinero más allá de los gastos necesarios para las restauraciones y reconstrucciones de los Santuarios. La amenaza de la cruzada francesa y la presencia de la gran flota cristiana en el Mediterráneo convencieron al sultán de prestar atención a la petición de los reyes de Nápoles.

De acuerdo con las crónicas franciscanas de la época, Roger Garin salió de Nápoles en 1332-1333 con un grupo de misioneros franciscanos y se dirigireron a Armenia[10] y El Cairo, pero Roger solo no hubiera sido capaz de rescatar los Santos Lugares del gobierno egipcio por su propia autoridad. Para cumplir su misión, tuvo que ser acompañado por algunos expertos (representantes civiles de los reyes de Nápoles y consejeros del embajador) que tenían experiencia en estos asuntos diplomáticos. Dichos expertos eran necesarios en vista del carácter extraordinario de las negociaciones y para conseguir resultados positivos. El embajador adujo un precedente histórico. Al comienzo de las negociaciones mencionó la muy buena relación política y comercial que había existido entre los gobiernos sin interrupción desde la época de Federico II, amigo de Malek El-Kamel, y la época de Carlos I, rey de Nápoles, que era también un amigo del sultán Baybars. Durante casi tres siglos el símbolo de esa amistad infalible lo constituyó el Barrio Amalfi de Jerusalén. Fue fundado con la benevolente concesión a ciudadanos de Amalfi (cerca de Nápoles) por el sultán de Egipto El-Mostanzer (1035-1094). Aunque orientado para diferentes propósitos, el hospital-hospicio de este barrio resultó ser un centro de buena voluntad para todas las personas. Fue dirigido por la noble señora Margarita de Sicilia que era conocida por todos por sus obras de caridad.

Los soberanos de Nápoles no pidieron el territorio de Tierra Santa, sino más bien el regreso pacífico a los Lugares Santos de los cristianos para que pudieran adorar en ellos. Esta fue la misma concesión otorgada a Federico II en 1229 y a Richard Cornwall (Cornualles) en 1241. Su deseo era que en el futuro no hubiera necesidad de más cruzadas cristianas que perturbasen la paz del reino del sultán. También esperaban que tal concesión fuera una fuente de bendición divina sobre Egipto.

La posición de En-Naser resultó muy favorable. Estas ideas coincidían perfectamente con las suyas. De hecho, en 1331, había enviado un mensaje al papa y al rey de Francia a través del legado papal fray Pedro de Palud, el patriarca titular de Jerusalén: "que les declaró su disposición a conceder las más amplias exenciones a la los comerciantes, la plena libertad de culto a los sacerdotes, a los cristianos y a los peregrinos que llegaban a los lugares de la Tierra Santa y a la posesión de los Santos Lugares, a condición de que el papa eliminara todas las prohibiciones del comercio entre Europa y  Egipto. En cuanto a la reivindicación de la restitución de la Tierra Santa, el sultán declaró que ni las oraciones ni las amenazas jamás le harían ceder un palmo de tierra a los cristianos (nec passum pedis). El sultán quedó plenamente satisfecho con estos acuerdos y ordenó a su Primer Ministro (el Gran Visir) y a sus subordinados iniciar las negociaciones en un ambiente favorable. Naturalmente, con tan buenos comienzos, el padre Roger y todas las personas de la embajada tuvieron razón para creer que en unas semanas recibirían los Santuarios del Santo Sepulcro, el Cenáculo, la iglesia de la Natividad, la tumba de Nuestra Señora, Getsemaní, el monte Tabor, Nazaret y otros lugares en Judea y Galilea. Sin embargo, sucedió lo contrario. El Gran Visir y un buen grupo de renegados, ex cristianos coptos, mostraron un excesivo celo y "amor patriótico por el país" y detuvieron la mano generosa del sultán.

Por lo tanto, en lugar de resolverse el asunto en sólo unas pocas semanas, las negociaciones duraron varios años. Las discusiones se limitaron entonces a los cuatro sitios considerados como los más importantes: la Basílica de la Natividad de Belén, la Iglesia de la Tumba de la Virgen, el Cenáculo y la Iglesia del Santo Sepulcro. Desde el comienzo de las negociaciones tuvieron que considerar los dos primeros sitios que ofrecían la mayor posibilidad de éxito. El clero franciscano se había establecido ya en Belén desde la época de Baybars. Muy pronto surgió una nueva dificultad: la concesión legal no sería la misma que en los años 1229 y 1241, sino que sólo se haría en las condiciones en que el clero oriental tendría presencia en los Sitios, y que los porteros del gobierno serían colocados en las puertas principales de los santuarios con el fin de recaudar el impuesto de entrada de los peregrinos. Debido a la condición física de las iglesias y los conventos que era desastrosa, por la indiferencia de los gobiernos musulmanes el derecho a repararlos no fue totalmente rechazado, pero se retrasó hasta un momento más oportuno. A pesar de las hermosas palabras de amistad que se cruzaron entre los dos gobiernos (Nápoles y Egipto), el clima político y la mentalidad del gobierno de los mamelucos fueron muy diferentes de la noble actitud en los últimos tiempos de los sultanes Ayyubid en su tiempo.

Después de ocho siglos de control árabe, los Lugares Santos habían caído en un increíble mal estado. Al final, el Sultán otorgó el derecho de posesión exclusiva, junto con el permiso para hacer restauraciones y la posibilidad de comprar tierras adyacentes, fuera propiedad privada o propiedad del municipio de Jerusalén. La tierra adicional fue solicitada para construir un pequeño convento y un futuro hospicio para las mujeres, así como para proporcionar espacio para un jardín y un cementerio para los frailes. Finalmente tuvieron que discutir el Sitio más difícil de todos: el Santo Sepulcro. Las negociaciones para el Santo Sepulcro parecieron insalvables, debido a la presencia de los georgianos. Se tardó mucho tiempo en concluir el acuerdo. El mundo cristiano entero consideraba la Iglesia del Santo Sepulcro (que incluía el Calvario) como el santuario cristiano más importante. El gran sueño de los cruzados durante más de doscientos años, y ahora el sueño de los soberanos de Nápoles, era poseer este Santo Lugar. Esta gran estima por la Tumba de Cristo era bien conocida por los sarracenos, los turcos y los mongoles. El sultán comprobó con razón que al conceder derechos en el Santo Sepulcro a los soberanos de Nápoles desviaría a los cristianos occidentales, especialmente a los enemigos de Egipto, de sus pensamientos de nuevas cruzadas. De esta manera podía preservar la paz del Imperio Mameluco. Desde un punto de vista puramente político, el sultán sabía que le sería ventajoso facilitar las concesiones, no sólo para beneficiar a los franciscanos, sino también para su propio beneficio. A pesar de estos signos de buena voluntad, el gobierno de El Cairo se enfrentó a una situación verdaderamente embarazosa. El propio sultán había dado el uso del Calvario y el Edículo del Santo Sepulcro a los monjes georgianos. Ellos tenían estos sitios sólo en virtud de una "concesión benevolente". Ahora estaba negociando un contrato jurídicamente vinculante que devolvería los sitios a los franciscanos que los habían poseído legalmente doscientos años antes. En la situación de aquel momento era preferible que los egipcios no entorpecieran un arreglo que, en caso contrario, pudieran derivarse consecuencias políticas y militares impredecibles, tanto para los egipcios como para los francos. Era mejor tener paciencia ante tal situación, aunque durara años. En los futuros tiempos podría surgir un momento más oportuno para la acción de los franciscanos tomando posesión del Edículo en el Santo Sepulcro.

En resumen, teóricamente, se reconocía el derecho de los franciscanos sobre la parte más sagrada del Santuario, como lo había sido con respecto a los Santuarios de la Tumba de la Virgen y la Natividad. De hecho, antes de terminar el siglo XIV, todos los derechos que habían sido suspendidos en el momento de las negociaciones serían reconocidos. Naturalmente, los religiosos franciscanos no fueron capaces de llevar a cabo todas estas negociaciones por su cuenta. No siempre fue fácil, pero para garantizar la validez de los acuerdos recurrieron a la ayuda de los soberanos napolitanos. El Sultán expresó estas ideas al hermano dominico Pedro Palúd, el Legado Papal (1331), según el cronista franciscano del "Chronicon de Lanercost"[11] 

 Hay que señalar que ésta no fue la primera vez que la reina Sancha tuvo contacto con el mundo oriental. La primera ocasión fue en 1320 cuando envió a cuatro religiosos franciscanos a la ciudad de Alejandría, a las instalaciones marítimas de los mercaderes de Marsella para ayudar espiritualmente a los cristianos que hicieran el viaje al extranjero[12].  

DESPUÉS DE TODAS ESTAS LARGAS Y DIFÍCILES NEGOCIACIONES, ¿QUÉ OBTUVIERON REALMENTE SANCHA Y ROBERTO DE NÁPOLES?

 

1)El derecho a ocupar la parte más sagrada de los tres Santuarios: en Belén, toda la Gruta de la Natividad, con las dos escaleras laterales, y en la parte superior las puertas de bronce con las llaves para abrirlas y cerrarlas; En la Iglesia de la Tumba de la Virgen, el Edículo que contenía la Tumba, con un altar al norte del Edículo; En la Iglesia del Santo Sepulcro obtuvieron la mitad meridional del Calvario, la Gruta del Hallazgo de la Cruz, la Capilla de la Aparición del Jesús Resucitado a su Madre con la Capilla contigua de la Magdalena y todo el espacio intermedio y, finalmente, y en ese momento sólo teóricamente, el Edículo del Santo Sepulcro. A todo esto también obtuvieron derechos exclusivos sobre todo el Cenáculo.

2) El derecho de cuidar y reparar las tres Iglesias: de la Natividad, de la Tumba de la Virgen y del Santo Sepulcro. En aquel momento estos derechos eran sólo teóricos, como he dicho antes. En 1347 se reconoció el derecho de posesión de la Basílica de Belén. Con la ayuda de la reina Juana de Nápoles se obtuvo el derecho a la Iglesia de la Tumba de la Virgen en 1362 junto con el uso privado de las llaves de la Iglesia. El derecho a la posesión de este Santuario fue confirmado públicamente en 1392 a Gérard Chauvet (Calveti), Custodio de Tierra Santa. El derecho de posesión de la Iglesia del Santo Sepulcro fue dado por primera vez al final del siglo XIV porque en 1397 los franciscanos recibieron permiso del sultán para reparar partes de esa iglesia y el derecho de construir y reparar los conventos. En el Cenáculo, se dio permiso para comenzar la construcción inmediata. En los otros tres Santuarios, el permiso para la construcción se aplazó hasta un momento más oportuno. En Belén, los franciscanos recibieron el antiguo monasterio de los agustinos que había sido arruinado por Baybar en 1266, y fue restaurado por los franciscanos. Cuando las negociaciones en El Cairo comenzaron entre los Soberanos de Nápoles y el Sultán de El Cairo, los diversos Religiosos Orientales tenían los derechos oficiales de los Santuarios. El clero árabe del rito griego tenía, como he mencionado, los tres altares principales que se encuentran en las ábsides centrales de los santuarios. Tenían posesión de los presbiterios adyacentes. Este privilegio probablemente les fue dado porque este Rito Oriental estaba más representado en el territorio y porque habían ejercido la custodia de los Santos Lugares que tenían desde 638 hasta 1071. Los otros Ritos, sin tener un precedente establecido, recibieron un lugar donde ellos podían tener sus propios altares.

En resumen, podemos decir que los Soberanos de Nápoles recibieron los cuatro santuarios pero con estas características: 1. en tres de ellos se dio espacio al clero de varios ritos orientales; 2. las llaves fueron confiadas a los porteros del gobierno.

 

EVOLUCIÓN DE LOS ACONDECIMIENTOS TRAS LA MUERTE DE SANCHA DE MALLORCA[13]

 

 En 1347 los franciscanos se establecieron en Belén como oficiantes habituales en la Basílica y la Gruta de la Natividad. En 1363, Juana, reina de Nápoles y Sicilia, obtuvo el firmán del sultán de Egipto. Por dicho firmán, los franciscanos tomaron posesión del Edículo y la Tumba de la Virgen en el Valle de Josafat. En 1375, desde el convento de Belén, los franciscanos dieron inicio al culto en la así llamada Gruta de la Leche, situada en las cercanías de la basílica de la Natividad del Señor. En 1392, obtuvieron el derecho a oficiar en la Gruta de Getsemaní, situada en el Valle de Josafat, a pocos metros de la Tumba de la Virgen y, en 1485, readaptaron para el culto la gruta de la natividad de San Juan Bautista en Ain Karem. Con la proliferación de sus cometidos se vio la necesidad de una legislación adecuada. En 1377 se admitieron los primeros Estatutos de Tierra Santa, que desarrollaron las primeras prescripciones enunciadas sumariamente en la citada Bula Gratias Agimus, prescribiendo que el número de religiosos que prestaban servicio en Tierra Santa no superase los veinte. En cuanto se refiere a las actividades, los frailes debían ocuparse, además del culto religioso en los Santuarios, también de los peregrinos europeos que visitaban los Santos Lugares.

Pero hubo muchos sacrificios a lo largo de la historia. En 1391 fueron asesinados los cuatro mártires canonizados por el papa Pablo VI el 21 de junio de 1970: Nicoló Tavelich (croata), Stefano de Cuneo (italiano), Deodato de Rodez y Pietro de Narbona (franceses) y hasta el día de hoy, los franciscanos de Tierra Santa han luchado y luchan constantemente por mantener los lugares sagrados al servicio de la Cristiandad, siguiendo los ideales de Sancha de Mallorca>>.

 



[1] WADDING, L. Annales Minorum seu trium Ordinum a S. Francisco Institutorum. Grottaferrata: Guaracchi, 18 vols (3ª ed.).

[2] BESTARD CLADERA, B. El Infante Felipe de Mallorca y los franciscanos espirituales. Ajuntament de Palma. 2014. Pág. 41  

[3] OLIVER MONSERRAT, A. Heterodoxia en la Mallorca de los siglos XIII-XV. Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana (BSAL). Año 1963, T. XXXII, nºs 796-797.

 

[4] ALOMAR ESTEVE, G. Iconografía y heráldica de Sancha de Mallorca, reina de Nápoles. Actas del XIII Congreso Internacional de Historia del Arte (IHE nº 98110) pág. 265-274, 8 figuras. Reproducido en BSAL, 1976 Vol. 35 pp. 005-036 (Separata)

[5] SASTRE I BARCELÓ, J.C. Espiritualitat i vida qüotidiana al Monestir de Santa Clara. Ciutat de Mallorca. Segles XIII-XV. Palma. Ed. Lleonard Muntaner. 2006. PP. 128-131

[6] http://es.custodia.org/

[7] http://www.franciscanos.org/tierrasanta/ts.html

[8] http://christusrex.org/www2/liberation/index.html

[9] DE SANDOLI, SABINO, OFM. The peaceful liberation of the Holy Places in the XIV century. EL CAIRO. 1990. “Studia Orientalia Christiana”

[10] Chronicon XXIV Generalium (Golubovich, Biblioteca Bio-bibliografica, IV, 9-10): "Anno Domini MCCCXXXIII idem Generalis (Geraldus Odonis)... misit multos fratres de Provincia Aquitaniae et de aliis partibus Ordinis ad convertendum... Armenos Armeniae et alios infideles... De quibus frater Rogerius Garini dictae Provinciae ad Terram Sanctam pergens, obtinuit a Soldano Aegypti locum sacrum Montis Sion, ubi fuit illud coenaculum magnum stratum... In quo locum fratrum conventum aedificavit; et ex tunc ibi et in Sancto Sepulcro fratres nostri habitaverunt usque in hodierum diem". El cronista escribió esto en 1360 (Golubovich, Biblioteca Bio-bibliografica, IV, 13-20, 59-64, 225-226).

 

[11] GOLUBOVICH, G, Biblioteca Bio-bibliográfica III, 359-367, especialmente 363 - 364.

[12]  GOLUBOVICH, G, Serie cronologica dei primi superiori di Terra Santa, Jerusalén 1898, 327, y nota 1. G. DÕ Andrea, I Frati Minori Napoletani nel loro sviluppo storico, Napoli 1967, 78, 463, 464.

[13] http://es.custodia.org/