Los Correlativos En El Lulismo Actual

José María Sevilla Marcos (Monestir de Miramar)

 

            

             Ramon Llull afirma que los correlativos son una especie de principios dinámicos dentro de los principios con los que el creador ordenó la naturaleza: los atributos divinos (Bondad, Grandeza, Eternidad, Poder, Sabiduría, Voluntad, Virtud, Verdad, Gloria). De esta manera, si la Bondad, por ejemplo, es una virtud o principio en la naturaleza, dicho principio hace que lo bueno actúe como el bien, de ahí que cada terminación exprese tanto el acto (bonificare) que hace lo bueno (bonificabile) y el bien realizado (bonificato), como la posibilidad de todos estos actos (bonificativus). En esta concepción del lenguaje y de los principios metafísicos las distintas terminaciones significan la unidad de cada uno de los principios (bonitas) y los principios dinámicos (bonificativus, bonificare, bonificabile) que designan en las cosas el despliegue o difusión de los primeros principios. Este mismo ejemplo será aplicado a cada uno  de los otros ocho principios: Grandeza, Eternidad, etc. Esta gramática general intenta significar las formas esenciales que constituyen la creación y establecen un referente de su aparición sustancial y/o accidental en las cosas .

 Este párrafo, con modificaciones literarias para este texto, se encuentra en la documentada introducción realizada por José G. Higuera Rubio, para su traducción al castellano, del “Liber correlativorum innatorum” de Ramon Llull[1]. La publicación lleva el esclarecedor prefacio de  Esteve Jaulent, y todo ello lo utilizaré en el trasfondo de la redacción de esta Comunicación.

            Revisada la abundante literatura sobre la teoría de los correlativos tratada ampliamente o resumida por lulistas eminentes (Platzeck, Batllori, S. Galmés, Llinarés, Pring-Mill, Gayà, Trias Mercant, Bonner, Ripoll Perelló, Hillgarth, Badia, Domínguez, Jaulent, Ruiz Simon, Rubio Albarracín, Fidora y otros),  voy a introducir un sucinto recorrido por la historia de su gestación, tomado del importante texto de Jordi Gayà, titulado “Els principis de l’Art lul·liana i les seves definicions” publicado el año 2002. Dejo constancia de su anterior Tesis en la Universidad alemana de Friburgo que lleva por título: “La teoría luliana de los correlativos” y publicada en Palma en 1979.

            Dice Gayà:

 Liber Tartari i Christiani”, donde surge por primera vez el despliegue correlativo referido al fuego: “ignitivum, ignible et ignitum sunt diversae proprietates essentialiter”>>.

 “Ars inventiva veritatis” (Montpellier 1289), cuando relaciona, en la regla de la investigación, los dichos correlativos con las propiedades y definiciones de los principios. Viene después el “Art Amativa” (Montpellier 1289) donde remarca que “en la bondad, bonificativo y bonificable son partes esenciales y substanciales” y a los correlativos los denomina  “concreta substantialia”. En la “Taula general” (Túnez-Nápoles 1293-94) presenta las “reglas”, que ya había introducido en “Arbre de filosofia desiderat” (Montpellier 1290), donde la segunda regla, o regla C, es la que define la “equididad de las cosas”, esforzándose Llull en la explicación correlativa, al haber descubierto que es el instrumento más claro y lógico para definir el modelo de realidad anunciado por la intuición inicial: la definición de Dios por sus Dignidades, centrándose en el tercer término correlativo (-are). Pero lo importante es que en la definición correlativa introduce la distinción entre género y especie y sobre todo la referencia a las causas. En el “Ars generalis ultima” (Pisa 1305-08), aparece: “Definitiones de Deo intendimus facere per gradum superlativum divinarum dignitatum” que es la última formulación de la teoría correlativa. La obra, como en tantas otras de esta última etapa, consta de dos partes, una para probar la Trinidad y otra para probar la Encarnación. En la primera, se parte de definiciones de Dios según diez  Dignidades, y a la pregunta “quid est Deus”, se responde según esta fórmula: “quod est bonitas optima, ex qua, in qua et cum qua Deus optimans producit optimatum et optimare ab utroque processum”. A la segunda parte se hace intervenir el concepto de “causa” y se obtienen definiciones como ésta: “quod est bonitas optima, in qua et cum qua causat effectum optimatum”.

 Termina el texto de Jordi Gayà así:

            Otro punto de vista a tener en cuenta es el de Alexander Fidora sobre el itinerario que sigue Llull desde el “Compendium Logicae Algazelis” (Montpellier 1271-72), por el sendero de la definición, hasta la gestación de los correlativos, en su versión última.

Dice Fidora cuando comenta la “Logica nova” (Genova 1303):

  Llull explica las definiciones a partir de las cuatro causas aristotélicas, como lo había hecho en el “Compendium” y a continuación presenta definiciones de las propiedades, es decir, definiciones que de hecho son rusūm (plural de rasm, palabra árabe que significa signo, pero también “definiciones descriptivas” de Aristóteles. Porque estos rusūm que Llull nos presenta ahora no se construyen a partir de accidentes y de las propiedades tout court , sino, como Llull nos dice, a partir de los actos propios (actus propius) que corresponden a potencias (potentia), que, por otra parte, se califican como coesenciales (coessencialis). Es esta recepción y transformación dinámica de las definiciones descriptivas que lleva a Llull, entre otras, a la definición de hombre…, a saber el hombre como animal homificans. Ya que así como el acto propio y coesencial del “intelectus” es “intelligere”, aquel de la “caliditas” es  “calefacere” y aquel de la “essentia” es “esse”, así de la misma manera, el acto propio del hombre no es “ridere”, sino “homificare”, hacer al hombre. He aquí la aplicación de las descripciones dinámicas y coesenciales que abarca toda la realidad no solo la creación y los conceptos abstractos, como la eternidad, sino también Dios mismo, que, por la tradición aristotélica medieval, resultaba imposible definir, ya que Dios no pertenece a ningún género .

 

Y en otro punto del texto, Fidora remarca:

 " El rasm o la definición descriptiva que Llull defiende y que se fundamenta sobre los correlativos, quiere ser (co-)esencial. Sin embargo, Llull  en el contexto de la aplicación, muchas veces, dentro de sus obras, se decidirá iniciar su argumentación por las definiciones tradicionales como lo ha hecho ver Bonner y Ripoll Perelló en su “Diccionari de definicions lul·lianes” de 2002".

 

            Ahora voy a leer un pequeño fragmento de la lección inaugural pronunciada el 24 de junio de 1959 por el teólogo Joseph Ratzinger, al hacerse cargo de la cátedra de Teología Fundamental en la Universidad de Bonn y que lleva por título “El Dios de la fe y el Dios de los filósofos”:

Dice allí Ratzinger[1]:

La noticia de las propiedades divinas… podemos tomar(la) de la Biblia. En ella se toca tal vez más cercanamente que nunca la imagen bíblica de Dios con la doctrina de Dios de los filósofos, y por lo mismo ha favorecido como nada la puesta en relación de ambas. Conceptos como eternidad, omnipotencia, unidad, verdad, bondad y santidad de Dios no indican, desde luego, sin más, lo mismo en la Biblia y en la filosofía, pero no pueden ignorarse aproximaciones considerables. La intención de remitir por encima de todos los poderíos intramundanos al poder originario que mueve el mundo  es común a ambas."

 Y más adelante, sigue Ratzinger:

"Lo filosófico designa, ni más ni menos, la dimensión misionera del concepto de Dios, ese momento en el que se hace comprensible hacia fuera. Así es también evidente que la apropiación de lo filosófico fue realizada ampliamente en el momento en el que el judaísmo, poco expansivo, quedaba disuelto por una religión expresamente misionera, el cristianismo."

Y en la contraportada de la publicación de esta disertación leemos este texto de Ratzinger, en el que se pueden descubrir algunas triadas como las lulianas:

El conocimiento de que Dios es un Dios referido al mundo y al hombre, que opera dentro de la historia, o, dicho más hondamente, el conocimiento de que Dios es persona, yo que sale al encuentro del tú, este conocimiento exige sin duda un nuevo examen en toda la línea de las declaraciones filosóficas, un repensarlas como todavía no se ha ejecutado suficientemente>>.

Sigo con Ratzinger en su libro titulado “Introducción al Cristianismo[2]:

Al darnos cuenta de que Dios es dialógico, de que no solo es Logos, sino diá-logo, no solo idea e inteligencia, sino diálogo y palabra unidos en el que habla, queda superada la antigua división de la realidad en sustancia, lo auténtico, y accidentes, lo puramente casual. Es, pues, claro que el diálogo y la relación constituyen, junto a la sustancia, una forma primordial del ser>>.

  <>amor. Esto significa que las tres personas que hay en Dios son la realidad de la palabra y del amor en su más profunda orientación hacia los demás>>.

 

Veamos lo que dice Llull[1]:  

Intentaremos mostrar tres correlativos distintos, para obtener noticia de la Trinidad divina.

"La esencia de Dios es una e indivisa, eterna e infinita; y lo que proviene de su Ser se convierte con lo que es la propia esencia."

 



[1] Cf. Llull. Ibid. 77

[2]>>.

En la doctrina luliana de los correlativos, aplicada a los atributos de Dios: infinita bondad, sabiduría, eternidad, etc. estos son trascendentes y activos, puesto que no pueden estar ociosos, ya que Dios es acto puro y esa es la causa de la actividad y consecuentemente de la relación o referibilidad, o mejor, como dice Llull, de la co-relación del Padre con el Hijo y, entrambos, el Espíritu Santo.

Dice Llull[3]:

Puesto que cualquiera de los principios es simple, como cualquiera de los correlativos, cada una de las personas es simple. Y porque cada uno de los principios y cada uno de los correlativos es infinito, por ello cada una de las personas también es infinita, y despojada de todo accidente.”   “El Padre entendiéndose Padre produce el Hijo, y Padre e Hijo amándose mutuamente inspiran entre ellos mismos al Espíritu Santo. Y tal entender y amar es personal, porque la respuesta es idéntica. Pero entender y amar, que son comunes, son la misma esencia y sustancia divinas y el único Dios, que se entiende como un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo>>.



[1] Liber correlativorum innatorum. 74

[2] Cf. Llull. Ibid. 77

[3] Cf. Llull. Ibid. 78

 

 

Fresco de Luca Cambiasso,bóveda del coro del Escorial.

El cubo a los pies de la Trinidad  figura de los correlativos según Juan de Herrera,arquitecto del Escorial.

  

 

 

 

 

(Foto extraída de : https://www.superstock.com/stock-photos-images/4409-12758 ) 

Volvamos a Ratzinger[1]:

La forma suprema y normativa de la unidad es la que suscita el amor.

 Leemos también:

La fe cristiana confiesa a Dios, la inteligencia creadora, como persona y, por tanto, como conocimiento, palabra, amor. Confesar a Dios como persona implica necesariamente confesarlo como relación, como comunicabilidad, como fecundidad.””Lo vemos en las palabras que han servido para desarrollar el concepto de persona: la palabra griega ‘prosopon’ significa literalmente “respecto”; la partícula ‘pros’ significa “a”, “hacia” e incluye la relación como elemento constitutivo de la persona, pero ahora como comunicabilidad. Podemos decir, pues, que si bien lo Absoluto es persona, no es absolutamente singular. Por consiguientemente, el concepto de persona trasciende por fuerza lo singular. Afirmar que Dios es persona a modo de una triple personalidad equivale a destruir el concepto simplista y antropomórfico de persona. Nos dice implícitamente que la personalidad de Dios supera infinitamente el ser-persona del hombre. Por eso el concepto de persona ilumina, pero al mismo tiempo encubre, como símil insuficiente, la personalidad de Dios.

Sigamos con Ratzinger[3]:

La especulación más exterior nos remite inmediatamente a lo bíblico. En realidad, todo lo que hemos dicho está ya en san Juan: Cristo dice de sí mismo “el Hijo no puede hacer nada por sí mismo” (Jn 5, 19.30). Esta afirmación parece indicar el mayor despojo de poder del Hijo, pues no tiene nada propio y solo puede ‘obrar’ en dependencia de quien ‘procede’. Vemos, pues, en primer lugar, que el concepto de “Hijo” es un concepto relativo. Juan llama “Hijo” a Cristo, pero lo hace de una forma que apunta a algo distinto y superior a él; emplea, pues, una expresión que indica esencialmente referencia. Por eso, toda su cristología rebosa relación, como nos muestran enunciados como el anterior, que expresan también lo que incluye la palabra Hijo, es decir relatividad. Pero todo esto parece contraponerse a lo que el mismo Cristo afirma en otros pasajes del Evangelio de san Juan: “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30). Ahora, bien, si estudiamos más a fondo el asunto, vemos que ambas afirmaciones no solo no se contraponen, sino que se exigen mutuamente. La referencia total de Cristo al Padre se deduce de que Jesús se llama Hijo y de que así se hace “relativo” al Padre, de que la cristología es una expresión de esta relación. Justamente porque él no está ‘en sí mismo’, sino ‘en él’, es siempre uno con él.

Si revisamos la obra entera de Joseph Ratzinger, el actual Papa Benedicto XVI, bien directamente o a través de sus biógrafos y los sintetizadores de su ideología, nos encontramos con el hilo conductor de la palabra clave de su pensamiento que es “comunión”, o su equivalente griego “koinonía” procedente de Platón, es decir, relación o correlación del logos y el ágape, del conocimiento y el amor. Esta koinonía es Dios mismo en la Trinidad que trasciende hacia el hombre y al universo, no solo a la Iglesia, sino también a toda la humanidad y al cosmos. Creemos ver en todo ello no solo la misma concepción misionera de la Iglesia, sino la misma visión ontológica de los dos teólogos, Llull y Ratzinger.

Una explicación de la coincidencia de pensamiento de Llull y de Ratzinger puede ser que esté en las mismas fuentes en que bebieron ambos, San Agustín y San Buenaventura.

Se considera clásico el artículo de ERHARD W. PLATZECK, O. F. M., titulado: “La combinatoria luliana, un nuevo ensayo de exposición e interpretación de la misma a la luz de la filosofía general europea”. En él el autor establece las conexiones entre el pensamiento de Llull y el de San Agustín, bien directamente, o a través del agustinismo europeo medieval. En cuanto a San Buenaventura, Jordi Gayà, en su artículoArs Patris Filius. Buenaventura y Ramón Llull", cree que en los conventos franciscanos y dominicos de Palma de Mallorca debió encontrar las obras de San Buenaventura. Por otra parte, Manuel María Doménech Izquierdo, que publica en Internet un interesante elenco de enlaces lulianos, ha descubierto una multitud de triadas en el texto del famoso “Itinerarium mentis in Deum” de San Buenaventura, que probablemente influyeron en Llull.

En cuanto a Ratzinger, todos sus biógrafos citan sus dos tesis doctorales. La primera referida a San Agustín y la segunda a San Buenaventura. La primera fue presentada a sus 24 años en la Facultad de Teología de Munich y lleva por título “Pueblo y casa de Dios en la enseñanza sobre la Iglesia de San Agustín” y fue publicada en 1954. La segunda, realizada para la habilitación para la docencia, lleva por título “La teología de la historia de  San Buenaventura”, también presentada en la misma Universidad de Munich, y que fue publicada en 1959. Las huellas de San Agustín y de San Buenaventura están patentes en Ratzinger, no solo en sus tesis, sino en su copiosa bibliografía.

Para ir terminando,  quiero dejar constancia de este texto de Josep Maria Ruiz Simon:

" La justificación de la prueba de la equiparación  a través del curso al “medium mensurationis” indica que Llull pensaba la equiparación que definía esta prueba a partir de un modelo matemático. Uno de los ejemplos al que suele recurrir para ilustrar lo que es un medio de este tipo es el del punto – el centro – que equidista de cada uno de los puntos que constituyen una circunferencia. La relación entre el centro de la circunferencia  y dos puntos cualesquiera de esta circunferencia es parangonada por el Doctor Iluminado con el existente entre intelligere y el intelligens y el intelligibile o entre el opus y el operans y el operabile o entre la magnitudo y la bonitas y la duratio."

 El silogismo que se basa en el medium mensurationis es una demostración circular.

Termino, como Fidora acaba su artículo citado:

Todas las frases de la lógica, dice Wittgenstein, son tautológicas, y, precisamente en esto, se demuestra la estructura formal y lógica del lenguaje y del mundo.

 

 

 

Cristo hipercúbico

Foto extraída de: http://dali-dios-diablo.blogspot.com/2013/02/el-cristo-hipercubico-o-el-dali.html

 Cristo hipercúbico de Salvador Dalí,interpretación de los correlativos a través de Juan de Herrera,arquitecto del Escorial.

Referencias

     Referencias:

Llull, Ramon (1310). <>. Traducción de José G. Higuera Rubio. Título en castellano: <> (2008). Madrid: Editorial Trotta [Clásicos de la Cultura].

Gayà Estelrich, Jordi (2002). <>. Palma de Mallorca: Taula. Quaderns de Pensament, 37. 53-71.

Gayà Estelrich, Jordi (1979). <>. Palma de Mallorca: Editado por el autor.

Gayà Estelrich, Jordi (1987). Ars Patris Filius. Buenaventura y Ramón Llull>>. Palma de Mallorca: Estudios Lulianos, 27. 21-36.

Fidora,  Alexander (2006). Les definicions de Ramon Llull: entre la lògica àrab i les teories de la definició modernes. Madrid (Universidad Nacional de Educación a Distancia - UNED): Revista de lenguas y literaturas catalana, gallega y vasca, 12, 239-252.

Bonner, Anthony y Ripoll Perelló, M. Isabel (2002). <>. Palma de Mallorca: Universitat de Barcelona, Universitat de les Illes Balears. [Càtedra Ramon Llull; Col·leció Blaquerna, 2].

Ratzinger, Joseph (1960). <> Traducción de Jesús Aguirre (2006). Título en castellano: <>. Madrid: Ediciones Encuentro, S.A. [Opuscula philosophica].

Ratzinger, Joseph (1968). >. Traducción de José María Hernández Blanco de la 11ª edición alemana (2001). Título en castellano: >. Salamanca: Ediciones Sígueme, S.A.U.

Platzeck, Erhard W, O. F. M. (1952). Die Lullsche Kombinatorik. Ein erneuter Darstellungs und Deutungsversuch mit Bezug auf die gesamteuropäische Philosophie>>. Münster (Alemania): Franziskanische Studien, 34, 32-60 y 377-407. Título en castellano: <>. Revista de Filosofía 12 (1953), 575-609; 13 (1954), 125-165.

Doménech Izquierdo, Manuel María. (2010):

http://personal1.iddeo.es/mmdomenechi/index.htm

Ruiz Simon, Josep Maria (1999). >. Barcelona: Quaderns Crema, S.A. [Assaig].

 

 

 

 

 

 



[1] Cf. Ratzinger. Ibid.152

[2]Cf. Ratzinger. Ibid.153

[3] Cf. Introducción al cristianismo.157

 

[4] Cf. L’Art de Ramon Llull i la teoria escolàstica de la Ciencia. 281