La obra de recuperación del paisaje mallorquín la realizó Luís Salvador en el complejo de Miramar. Prohibió la tala excesiva de árboles para hacer carbón, prohibió también cazar para restaurar la fauna, y los puntos más estratégicos para la contemplación de las vistas los convirtió en miradores. Además los senderos de los carboneros, en algunas rutas de montaña, los mejoró para el paso de carruajes.

Protegió a pintores como el francés Gaston Vuiller (1847-1915) y al austríaco Erwin Hubert (1883-1963), ambos retratistas y paisajistas de Mallorca y a pintores locales como Antonio Ribas Oliver (1845-1911) y otros.  

Luís Salvador financió los estudios espeleológicos de los franceses Eduardo Alfredo Martel y Louis Armand en las Cuevas del Drach, cerca de Porto Cristo, hoy en día el espectáculo más importante del turismo de Mallorca. Es digno de resaltar que fue Gaston Vuiller quien presentó el proyecto de Martell a Luís Salvador.

Edwin Hubert fue el secretario científico y literario de Luís Salvador desde 1904 cuando contaba 21 años, siendo ya pintor, convirtiéndose luego en el mejor acuarelista de las Baleares.

La vida de Luís Salvador con respecto a Mallorca no fue del todo feliz. Tuvo detractores que actualmente persisten. En su época, le incendiaban los bosques, y actualmente se escribe y habla sobre su presunta estrafalaria personalidad. Algunos lo presentan como un promiscuo sexual con multitud de descendientes, ignorando que estaba enfermo y que englobaba, con toda probabilidad, una disfunción sexual incapacitante. Escribió un libro de admiración y amor por una pobre muchacha, cuando ésta ya había muerto. Ella era un alma preciosa. Era Catalina Homar, y el pueblo no supo entender la belleza de la relación. Así ocurrió también con su primer secretario, el checo Wratislav Vivorny, que murió a los 24 años en Mallorca de insolación, cuando fue a visitar a su novia, andando desde Miramar a Palma. A los dos los enalteció con sendas estatuas funerarias de expresión profundamente religiosa, que se encuentran, la de Catalina, en una de las fincas que poseyó, Son Moragues, y la de Vivorny, en Miramar.

Luís Salvador dio a conocer Mallorca a multitud de ilustres visitantes. Quizás la personalidad más importante de todas a las que invitó fue la Emperatriz Isabel de Austria, famosísima por su extraordinaria belleza y delicadeza espiritual. Estuvo en Miramar, en diciembre de 1892 y enero y febrero de 1893. Envió a Luís Salvador, como recuerdo de estas visitas, una preciosa reproducción de una Virgen,  Notre Dame de la Garde de Marsella, en mármol de Carrara. Él la hizo colocar en la capilla de Miramar, donde se puede ver actualmente, dejando escrita en su peana una oración que dice: “Quiera la Estrella de los mares proteger en sus viajes a la augusta donante”.

Luís Salvador quería con especial cariño la capilla de Miramar. Allí depositó también la Virgen de plata que había recibido como regalo, cuando era niño, del Papa Pío IX. La capilla la había hecho decorar con estilo checo tomado de la Catedral de San Vito de Praga. El óleo original de la Stma Trinidad que encontró en la antigua iglesia y dos óleos nuevos, uno sobre el beato Ramon Llull y otro sobre Sta Catalina Tomàs, del famoso pintor austríaco Edward Jakov von Steinle (1810-1886) Los enmarcó en un precioso tríptico. La religiosidad de Luís Salvador siempre fue patente con asistencia a la misa diaria, incluso en los viajes, a bordo de la “Nixe”.

¿De dónde procedió la financiación de Luís Salvador? En primer lugar de la herencia de sus padres, sobre todo de la madre, Maria Antonieta de Borbón Dos Sicilias, hija del rey de Nápoles y poseedora de una muy importante cartera de valores. En segundo lugar de lo que él obtuvo por ser informador del Emperador. Por este motivo adquirió de sus hermanos los dos tercios restantes de la propiedad de Brandeis, y tantas y tantas posesiones en Trieste, Mallorca, Egipto, etc. Pagaba a plazos como se ha podido comprobar por las escrituras de compra-venta, lo que demuestra que no era un multimillonario, sino que ganaba mucho y ese dinero lo invertía en tierras y posesiones, para que las disfrutaran, no solo él sino también los demás.

En contra de todos los biógrafos, que no supieron destacar la faceta más importante de su vida, podemos asegurar que fue un gran político que asesoró al Emperador continuamente. Su enfoque fue de respeto para todas las culturas y, en lo que pudo, llevar la paz a todos los pueblos. Estuvo presente en todos los escenarios prebélicos y allí diagnosticó la situación sociopolítica, por eso sus libros son una joya por el reconocimiento de las características étnicas, para enaltecer los valores humanos. No escribió nunca mal de los pueblos, sino cuando fueron crueles con los demás. Tampoco escribió de política en sus libros. Eso lo reservó para el Emperador.

Pacifista declarado, formó parte del comité de honor extranjero del XIX Congreso Universal de la Paz celebrado en Roma el año 1911, en representación del Imperio Austro-Húngaro.

Ayudó económicamente a Bertha von Suttner, de soltera Condesa Kinsky, natural de Praga, gran activista en favor de la Paz, llegando a ser  Presidenta de Österreischische Friedensgessellschaft, y a ella se le concedió el Premio Nóbel de la Paz, en 1905.

Luís Salvador sostuvo correspondencia y mantuvo su apoyo a Alfred Hermann Fried, quien abogó por el “fundamentalismo pacifista” y al que también le fue concedido el Premio Nóbel de la Paz, en 1911.

Conocedor Luís Salvador de la gravísima situación que atravesaban los Balcanes viajó ex profeso a Trieste, el 23 de junio de 1914, para disuadir al heredero de la corona imperial, Archiduque Francisco Fernando, de viajar a Sarajevo, cosa que no consiguió y Francisco Fernando fue asesinado junto a su esposa cinco días después. Este acontecimiento desencadenó la primera guerra mundial.

Murió en el castillo de Brandeis el 12 de octubre de 1915, en plena guerra, lejos de sus tierras mediterráneas y su cuerpo reposa en la Cripta de los Capuchinos de Viena, junto a todos los miembros de la familia imperial.

En cuanto a su legado, dejó su herencia a Antonio Vives, su secretario, y a los cuatro hijos de éste. También sus  disposiciones testamentarias determinaron que todo el personal a su cargo, tendría que percibir igual salario hasta el final de sus días. Por tanto, su patrimonio no fue a parar a sus familiares, ni al Gobierno de Austria, ni a ninguna institución. Esta decisión la había tomado quince años antes de su muerte, el año 1900, en Bordighera (Italia), y la mantuvo hasta el final. Ello ocasionó toda clase de especulaciones, y  dio alas a la leyenda que, sobre su compleja personalidad, se fraguó en Mallorca.

Los familiares, los Habsburgo y los Borbones, en su mayoría, perdieron sus propios y respectivos patrimonios, pues estos fueron incautados por los sucesivos gobiernos tras las  guerras acaecidas durante el siglo XIX y XX. De forma que si los bienes de Luís Salvador hubieran pasado a sus parientes, también habrían sido incautados. Y, actualmente, lo que fue propio de Luís Salvador en su mayoría no está en manos de sus herederos mallorquines, ante la enorme dificultad de sostener un patrimonio tan hermoso, pero tan poco productivo y de tan difícil mantenimiento.

 

Por otro lado, tenemos la satisfacción de que su legado intelectual está todavía vivo, esperando  que los pueblos que él estudió, y que ahora progresan muy deprisa, conserven los valores que tanto amó: su cultura tradicional y la paz entre ellos y entre los otros pueblos ribereños del mediterráneo.