Las residencias que dispuso fueron las siguientes: Brandeis en Bohemia, Zindis en Trieste,  Miramar en Mallorca y Ramleh de Alejandría en Egipto.

Brandeis fue la principal. Allí se formó en su juventud y la adquirió por herencia de un tercio, y los otros dos tercios por compra a sus hermanos, Carlos Salvador y Juan Salvador, que también habían heredado sus respectivas partes. Brandeis contaba con una extensión de tierras de 8.000 ha. El otro hermano, el mayor, Fernando Salvador, que ostentaba el título de su padre de Gran Duque de Toscana, heredó el castillo y la posesión de Schlackenwerth, (actualmente Ostrov nad Ohri) al este de Bohemia.

Zindis, otra de las posesiones de Luís Salvador, estaba situada a orillas del mar Adriático, junto a la base naval militar de Trieste, donde se construían los buques de guerra del Imperio. Era una importante posesión con 17 casas. En la base naval tenía matriculado la “Nixe” y allí realizaba las reparaciones y puestas a punto del barco. Trieste era también un nudo de comunicaciones por ferrocarril muy importante, sobre todo con las grandes ciudades del imperio austro-húngaro: Viena, Praga y Budapest.

Ramleh, la posesión norteafricana de Luís Salvador, se hallaba en Egipto, era el lugar ideal para residir en invierno, por su buen clima. Muchos aristócratas tenían casas en este barrio residencial de Alejandría, comunicado por el ferrocarril que unía la ciudad con Rashid (Rosetta), donde el capitán de ingenieros francés Bouchard descubrió en 1799 la famosa piedra que sirvió a Young y Champollion para descifrar los jeroglíficos egipcios. Alejandría a finales del siglo XIX era lugar de encuentro de diplomáticos de las grandes potencias: Francia, Reino Unido, Alemania, Austria, Italia, Estados Unidos y altos personajes del mundo árabe. Las familias de los técnicos y del alto personal administrativo del Canal de Suez también residían en Alejandría y no en Port Said. La razón fue la existencia de paludismo endémico debido a las lagunas cercanas infestadas de anophelex, insecto transmisor de la malaria o paludismo. Había muchos enfermos por esta causa en la región del citado Canal. De ahí la enorme importancia que tenía la zona, incluida Alejandría,  puerta de salida para Asia, desde el Mediterráneo. De hecho este mar se había convertido en un mar dominado por Inglaterra, ya que contaba con las dos salidas o entradas: Gibraltar y el Canal de Suez. Recordemos que en la guerra hispano-norteamericana de 1898 el Gobierno Británico no permitió que pasara por el Canal de Suez un barco de guerra español, que pretendía ir a Filipinas para auxiliar a las tropas que defendían la colonia española contra los norteamericanos.

Completaba el cuadro de posesiones de Luís Salvador una casa en  Niza, ciudad de encuentro de diplomáticos e intelectuales en la costa azul francesa y cuna de Garibaldi de tanta importancia en la reunificación italiana y la expulsión de los austriacos de Italia. Niza era entonces muy relevante, por la proximidad a la base naval militar francesa de Tolón. Si miramos el mapa del Mediterráneo descubrimos la simetría de Niza con Trieste, respecto a la península itálica.

La tarea de geógrafo la desarrolló a lo largo de toda su vida, utilizando una metodología propia que trazó desde su juventud. Escribió y editó (1869) unas tablas para encuadrar las cuestiones que solicitó y cumplimentaron los expertos locales, de aquellos países que estudió. A éstas las denominó “Tabulae Ludovicianae”, constaban de cien páginas en blanco con epígrafes en tres lenguas: alemán, francés e italiano. Solo conocemos un ejemplar rellenado, que se halla en el Museo de Son Marroig (Deià – Mallorca) y que corresponde a la isla de Leucada (Grecia). En estas tablas, y su correspondiente libro editado, se puede estudiar cómo volcaba la información de los expertos en el libro definitivo. El otro componente importante del método seguido fueron los estudios de campo que le permitió a Luís Salvador conocer, palmo a palmo, todo el terreno estudiado, las costas, las montañas, las ciudades…Dibujó los paisajes urbanos, marítimos, rurales…y, cuando la técnica progresó, utilizó la fotografía para dejar constancia objetiva de sus observaciones.

 

Fue amante de las artes como la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía, el coleccionismo, la arqueología. En cuanto a la música, siempre buscó las canciones y las melodías propias de los países que estudió, transcribiendo las partituras de valor histórico o étnico a sus libros. Sus principales posesiones, Brandeis y Miramar, estaban llenas de libros en multitud de lenguas, de objetos adquiridos en sus viajes y de obras de arte.

El trabajo suyo, el específico, el de geógrafo lo plasmó en más de 60 libros, muchos de ellos, en ediciones de lujo y algunos enciclopédicos (Islas Lípari, Las Baleares, Parga, Itaca, Zante, etc).

Las áreas del Mediterráneo con más densidad de puntos de estudio, fueron:

1) Área española (23 %, siendo el resto el 67 %): Isla de Alborán en Almería, las Islas Columbretes en Castellón, una pequeña monografía sobre la migración de aves entre Valencia en relación a la Isla de Helgoland en Alemania a, Islas Baleares, en ediciones diversas y otras monografías sobre diferentes temas de las Baleares.

2) Mar Adriático: Venecia, Friuli, Buccari-Porto Re, Abazzia, “Tipos y Trajes de los Serbios del Adriático”, Canal de Calamotta, Parga,

3) Grecia: Islas de: Itaca (que Luís Salvador descubrió acertadamente ser ella la patria de Ulises, por la descripción de Homero en la Odisea, en contra del famoso arqueólogo alemán Wilhem Dörpfeld, 1853-1940), Leucada, Zante, Paxos y Antipaxos, Canal de Corinto, las islas Kaimenen (Santorini, etc.).

4) Italia: Isla de Giglio, Stagno, Cannosa, Ustica, Archipiélago de Lipari

5) Norte de África: Argelia: Bizerta; Túnez: Tunisia; Túnez y Libia: Golfo de Sirte, Tripolitania; Egipto: Ramleh, Ruta de las caravanas de Egipto a Siria

6) Palestina: pequeña monografía sobre la Montaña de la Sal, al sur del Mar Muerto, Djebel Esdoum (Sodoma)

7) Turquía: Chipre, Alexandrette.

Otros libros al margen del área mediterránea, fueron: Isla de Helgoland  (Alemania), “La vuelta al mundo sin querer”,  Hobbartown en Nueva Zelanda y Los Ángeles (California).

Si observamos detenidamente las zonas de estudio de Luís Salvador, en el Mediterráneo y donde estaban sus posesiones, podemos descubrir que todas ellas eran zonas “calientes” desde el punto de vista geopolítico. Estas zonas calientes se debieron a los tres ejes del cambio del siglo XIX: 1) la caída del imperio turco y el consiguiente reparto colonial por parte de las potencias occidentales; 2) la aparición del marxismo, de los movimientos obreros y del liberalismo republicano; y 3) la caída de los últimos vestigios del imperio español.

España sumida en la máxima pobreza, con una tasa del 75 % de analfabetismo, se encontraba enormemente debilitada. Las Baleares padecían los mismos males que la península (el 75 % de varones y el 93 % de mujeres eran analfabetos). Sin embargo en las islas existían unas ciertas peculiaridades, pues no habían sufrido la invasión napoleónica y habían venido muchos emigrantes peninsulares de todas las clases sociales, como alto y bajo clero, profesionales, universitarios, artesanos, campesinos, etc. que habían contribuido a cierto desarrollo social y económico, pero que toparon con el feudalismo tradicional de la sociedad, aunque empezaba a producirse una cierta industrialización.

Cuando compró Luís Salvador la primera posesión, Miramar, reinaba en España Amadeo de Saboya, con un gobierno inestable, por las disputas de los constitucionalistas con los carlistas y el movimiento republicano. En febrero de 1872 tuvo lugar una gran manifestación republicana en Palma y en agosto triunfaron los radicales. Al año siguiente, con la renuncia del rey Amadeo se proclamó la primera república en España, seguida, al año siguiente, de la restauración monárquica con Alfonso XII. En Mallorca existían movimientos obreros, de izquierdas y carlistas contrarios a la monarquía reinante, que le daban notable inestabilidad política. Ese fue el ambiente que encontró Luís Salvador y, probablemente, del mayor interés para su olfato político, aunque él se decantó hacia lo cultural y a lo que hoy llamamos ecología.

Por mediación de Francisco Manuel de los Herreros, Luís Salvador desarrolló una intensísima labor cultural en Mallorca. Herreros era el Director del Instituto Balear que aglutinaba a los intelectuales más importantes de la época y se relacionaba con los miembros del movimiento denominado “Renaixença”. El Instituto era el heredero de la Universidad Literaria que había sido clausurada en 1835 por diversas razones, pero sobre todo por arcaica y poco práctica. Por eso, diversos intelectuales solicitaron la creación del Instituto para enseñanza más acorde con los tiempos, siguiendo el consejo de Gaspar Melchor de Jovellanos, cuando dirigió la Societat d’Amics del País, siendo el de Palma el segundo Instituto de Enseñanza Media de España.

Luís Salvador protegió, a través de Francisco Manuel de los Herreros como Director del Instituto Balear, a todos los intelectuales de este movimiento: Josep Maria Quadrado († 1896), Tomàs Aguiló (†1884), Jeroni Rosselló († 1902), Josep Lluïs Pons i Gallarza († 1894), Marian Aguiló († 1897), Bartomeu Ferrà († 1924), Pere de Alcàntara Penya (†1906), Gabriel Maura Montaner († 1907), Mateu Obrador Bennàsser († 1909), Miquel dels Sants Oliver († 1920), Miguel Costa i Llobera († 1922), Joan Alcover i Maspons († 1926)  y un largo etc. Además altos funcionarios de la Administración del Gobierno de las Baleares le prestaron toda la información que él precisó.

 

 

La colaboración de toda esta pléyade de intelectuales se desplegó en la documentación e información que obtuvo Luís Salvador para componer la enciclopedia de las Baleares, titulada “Las Baleares descritas por la palabra y el grabado”. Una obra monumental en alemán que dio a conocer al mundo el archipiélago balear. Por tanto se puede considerar que la obra redactada por Luís Salvador fue obra de mallorquines, menorquines e ibicencos. Otro testimonio explícito de la admiración de Luís Salvador hacia los intelectuales mallorquines, fue el libro “Homenaje al Beato Ramon Llull, en la celebración del sexto centenario de la fundación de Miramar”, el año 1876. Tenía 29 años, pero su admiración se prolongó toda su vida.