¿Porqué estructuró así la ciencia?

No hay duda que fue para convencer a los musulmanes y a los hebreos de que el cosmos es trinitario, pues todos los seres que han existido, los que existimos y los que existirán, están estructurados trinitariamente. Sin el amor (la analogía con el Espiritu Santo no existiría la especie humana: lo que parece solo uno y otro (2) resulta el tercero, la correlación entre los dos anteriores (3).

Las tres dimensiones del espacio (lo ancho, lo alto y lo profundo), ya las consideró Platón como el símbolo espacial de los cuerpos del cosmos y que recogió el lulismo. (El lulismo es la proyección de Ramon Llull en la historia).

 

 

Por la vía del franciscanismo los escritos de Ramon Llull “viajaron” por los diferentes monasterios franciscanos, y las ideas de Ramon Llull, es decir, el lulismo, estuvo presente en el momento crucial del descubrimiento de América.

Nos situamos ahora en Lisboa, año 1484. Cristóbal Colón había fracasado con el rey Juan II de Portugal, pues no había conseguido de él algunas naves para explorar el mar grande, a fin de intentar hallar nuevas tierras. Además Colón ya no tenía lazos familiares con Portugal, pues su esposa portuguesa, Felipa Muñiz, había muerto. De ese matrimonio había nacido un único hijo, Diego, que entonces contaba 7 años de edad. Así que Colón con su hijo Diego emprendió un viaje por mar hacia Andalucía, donde había oído decir que los Reyes Católicos se encontraban peleando con los moros persiguiendo la conquista del reino de Granada.

Desembarcaron en el puerto de Palos de la actual provincia de Huelva y andando, se internaron y, a menos de un cuarto de legua, se tropezaron con el monasterio franciscano de Huelva. Llamó Colón a la puerta para pedir limosna, pan y agua para el niño. Los frailes los albergaron y desde aquel momento los franciscanos no dejaron de ayudar a Colón y a su hijo. Fueron los frailes Antonio de Marchena y Juan Pérez, confesores y consejeros de Isabel la Católica, los que se empeñaron y consiguieron las naves y las tripulaciones para Colón de los Reyes Católicos.

Ya sabemos que el 12 de octubre de 1492 fue descubierta la primera isla del Caribe. El comienzo del descubrimiento más trascendental de la historia. El de América.

Si este descubrimiento fue trascendental, no lo es menos la defensa de los Indios Occidentales. La chispa se prendió después del segundo viaje de Colón a la Española en 1494.

Colón empezó a poner en marcha su maquinaria de vender esclavos y por ahí no pasaron los dos hombres claves con vocación de ermitaños. El primero fue el ermitaño de Montserrat y lulista, Bernal Boil o Buil, que acompañó a Colón en el segundo viaje y que, abandonando la isla La Española precipitadamente, lo denunció a los Reyes, por su conducta con los indios y los colonos. El segundo, el franciscano que vivía como un ermitaño, y además era Cardenal y Arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros. Este era el hombre más fuerte de la Corte de los Reyes Católicos, lulista convencido y total.

Cisneros, enterado por Buil, no pudo consentir el maltrato a los indios y menos venderlos como esclavos. Eso se tradujo en el Codicilo del Testamento de Isabel la Católica, que un mes y medio antes de morir lo añadió.

Acababa de salvar a los indios de la América Hispana del exterminio. Ese famoso Codicilo fue la levadura de las Leyes de Indias. No ocurrió así en Estados Unidos y Canadá donde fueron exterminados los pueblos autóctonos, como también sucedió así en el cono sur de América del Sur, después de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas.

El Archiduque Luís Salvador de Austria reconoció la influencia de Ramon Llull en los misioneros españoles, en defensa de los indios de América. Trajo una piedra de la misión franciscana de Fray Junípero Serra, de San Francisco (California), y la puso a los pies de una estatua de Ramon Llull, en una capilla en forma de rotonda, que hizo construir en 1876 para conmemorar el sexto centenario de la fundación del Monasterio de Miramar. Ésta está situada en la finca de La Estaca, a 700 m. de distancia de las casas de Miramar.

 

Hace 37 años cayó un rayo y destruyó la capilla. No está la estatua, pero sí la piedra de California. El rayo no pudo con la piedra. Ahora la rotonda sigue en ruinas, en propiedad del actor de cine Michel Douglas.